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Profesionalismo y los Medios
Por Alberto Carrillo

Somos una sociedad mal informada en general. Los medios de comunicación contribuyen muy poco para conocer la realidad que vivimos y los mexicanos tienen poco interés en conocerla. Por múltiples motivos los pocos mexicanos que leen y los muchos que no leen – y que a veces ni siquiera se informan a través de la televisión – reciben de los medios impresos y electrónicos poca información importante, de mala calidad y además manipulada. El gobierno, la sociedad civil y los intereses políticos y económicos involucrados contribuyen a que los medios y quienes trabajan en ellos sean poco profesionales hasta el exceso. Podría decirse que los medios de información y los mexicanos son tal para cual. Aún con la mayor libertad que se vive desde hace un par de sexenios y la supuesta apertura del nuevo gobierno los mexicanos siguen estando mal informados. Tenemos una tradición de tantos años de poco profesionalismo en los medios que no puede acabarse de la noche a la mañana y mucho menos si no se percibe la necesidad de cambiar las cosas.

Sorprende la poca preparación de mucha de la gente que trabaja en los medios. Sería deseable que quien trabaja para informar o investigar sobre temas variados tuviera una cultura general bastante amplia, pero esto casi no sucede. Por alguna razón, no hay mucha cultura entre quienes se dedican a informar, sobre todo en quienes trabajan en la televisión. Dejando a un lado el bagaje cultural, para hacer un trabajo de calidad casi siempre es más importante la capacidad para investigar y analizar la información. En los periódicos, sometidos a la tiranía del cierre diario, el tiempo es bastante escaso y esto podría justificar los errores, pero en muchos medios se dispone de tiempo y recursos suficientes para buscar información y hacer un trabajo por lo menos libre de errores. La poca preparación llega al grado de la incompetencia para buscar y corregir la información. También contribuye a la mala calidad que quien hace el trabajo periodístico ni siquiera cumple con la tarea. No escarban ni se informan para ir más allá de la nota superficial, el comentario de banqueta o las acusaciones viscerales. Por esa razón las simples opiniones, las estadísticas inventadas y las pruebas falsas pasan como información verídica hacia el público. Y esto es aprovechado por muchos de quienes están en el ambiente político, o por cualquiera que tenga acceso preferente a los medios.

En los medios también es común poner a la gente a trabajar en un tema que desconocen y para el que se requeriría a un profesional del área. Por alguna razón quienes manejan los medios – seguramente por su mismo desconocimiento del tema – les parece más fácil hacer de un editor un especialista, que de un especialista un editor. Por otro lado, existe una gran carencia de especialistas en algunas áreas, pero a pesar de esto, las "opiniones expertas" abundan en los medios. Y es que a falta de verdaderos expertos en los medios mexicanos, los mismos medios los crean. Así, lo que al público le venden como una opinión experta en el tema, en realidad puede ser la opinión de casi cualquier aficionado medianamente conocedor del tema, o en el mejor de los casos, conocedor de algún tema cercano al que pretende manejar. Quizás la mayor parte del público común no lo notará pero cualquiera medianamente versado en el tema descubrirá la farsa. El carisma, una cara bonita, una voz agradable, o un nombre conocido son más valorados en los medios que la experiencia en el tema y la capacidad de análisis. Al verlos felicitarse tan frecuentemente a sí mismos por el trabajo que realizan los medios cabe preguntarse si lo harán por cinismo o simplemente es la confianza que da la ignorancia de sus propios errores.

El mexicano común es hipersensible a la crítica y las opiniones desfavorables. De hecho, la única crítica aceptable es la que es favorable a sí mismo. A la otra se le llama crítica destructiva y se le asocia con la antipatía, la mala fe o las conspiraciones. Ni las instituciones y quienes las manejan aceptan la crítica. No es raro que un medio o un periodista sea vetado por alguna institución, organización o gremio, por sus opiniones desfavorables o por sacar a la luz los hechos. Hasta el subcomandante Marcos se da el lujo de excluir sistemáticamente de sus conferencias y convenciones a los medios y los periodistas que no simpatizan con la causa zapatista o se atreven a difundir la verdad desde una óptica no zapatista. Su lista negra que comenzó con dos medios, Televisa y TVAzteca, se incrementó en pocos meses a más de medio centenar. Y este hecho – curiosamente poco difundido por los medios, que no quieren molestar a su creación mediática – apenas ha manchado su prestigio dentro y fuera de México.

No existe una cultura de manejar la crítica sino más bien la de tratar de suprimirla o contrarrestarla a veces a través de métodos poco éticos. Lo curioso es que las calumnias, las acusaciones falsas, la invención de pruebas, la presentación de estadísticas inventadas, las aseveraciones sin pruebas, el no responder a las preguntas directas, el salirse por la tangente, la intolerancia ante la crítica, etc., no desprestigian mucho a quienes se valen de ellas. Esto se complementa con que los entrevistadores en los medios – por su falta de pericia, por su filiación con el entrevistado, o por franca flojera – no están acostumbrados a escarbar hasta encontrar la verdad. Esta falta de seriedad de los medios lo mismo sirve para salvar a políticos desvergonzados y a toda clase de delincuentes y oportunistas que para hundir a gente de bien. No es de sorprender la facilidad con que Rosario Robles se ha zafado de las acusaciones en su contra por su pasada administración de la ciudad de México. Gracias a que no hay nadie en los medios que profundice en las investigaciones – ante la falta de investigación de las autoridades judiciales coludidas para protegerla – ya que no existe el interés de ir más allá del encabezado escandaloso.

Lo peor de todo es que algunos medios o quienes trabajan en ellos son más fieles hacia sus intereses o a su ideología que hacia la verdad y su público. El periodismo que trata de ser imparcial y objetivo es más bien la excepción y no la norma. El común de la gente cree que es muy válido usar la mentira y condicionar la información si se lucha por lo que se considera una causa justa. Puede ser una estrategia poderosa, pero es inaceptable en quienes su trabajo les impone un compromiso con la verdad. Ese compromiso les importa muy poco a quienes han cubierto el conflicto chiapaneco por ejemplo. Más que como reporteros muchos de ellos se han comportado como fieles seguidores de Marcos y, en segundo término, de su causa. Antes que tomando nota se les ve gritando consignas en la presentación de comunicados de Marcos. Por eso es que a pesar de las cientos de páginas escritas sobre el conflicto, la información es en realidad escasa. No sólo han omitido recabar información sobre la realidad cotidiana que se vive en la región y han creado una realidad chiapaneca virtual – muy de acuerdo con la mentalidad "revolucionaria" nacional e internacional y alejada de la verdad – además le hacen el favor a Marcos de censurar – muchas veces por iniciativa de los mismos periodistas – la información que pudiera ser inconveniente para el movimiento o sus dirigentes.

Con la llegada del nuevo gobierno las cosas no han cambiado realmente. La crítica hacia el gobierno se ha incrementado mucho pero ya existía desde antes. El único cambio real quizá sea la percepción de debilidad en el gobierno y el que los medios se sienten ahora con más libertad para burlarse del presidente, pero este "logro" no beneficia sustancialmente a la sociedad. La crítica sigue siendo superficial e interesada y al mismo tiempo desoída.

Algunas prácticas deshonestas del pasado pueden haber desaparecido pero han sido sustituidas por otras a veces más sutiles. Parecen haber desaparecido la represión abierta y la práctica del chayote; tal vez simplemente cambiaron de forma. Existen otras formas de mantener las lealtades y el control de la información. Por un lado los medios sobreviven gracias al gobierno, de quien dependen en buena medida sus ingresos. Los periódicos que en general son incapaces de sobrevivir por sus lectores, dependen más bien de la publicidad pagada y su principal cliente es el gobierno. Por otro lado el gobierno procura mantener una relación estrecha y cordial con los medios. La Secretaría de Gobernación es la encargada de otorgar el Premio Nacional de Periodismo. A los opinadores profesionales se les privilegia invitándolos a las cenas oficiales para que se codeen con la clase política. El gobierno consiente a los periodistas cubriendo sus gastos en las giras presidenciales. Aun las dos grandes cadenas televisoras que, por su poder podrían ser más independientes, siempre han mantenido estrechas relaciones – que llegan a la complicidad – con el gobierno. La salida del PRI de la presidencia no les ocasionó ningún conflicto para trasladar sus lealtades hacia el nuevo gobierno. Y es que los mexicanos son agradecidos cuando se les beneficia desde el poder. El problema es que los medios, al sentirse privilegiados por el gobierno parecen incapaces de mostrar hacia este una actitud profesional e independiente.

Parece que muchos mexicanos aún tienen una relación enfermiza con el poder, y asumen que la libertad de expresión es una graciosa concesión de quienes lo tienen. El mismo presidente Fox así lo deja ver. No se da cuenta que su comentario respecto a que no faltan las voces que le piden que ya ponga en orden a los medios que lo critican pero que – en un generoso gesto – no lo va a hacer, sólo evidencia el autoritarismo que lleva en las venas y que no ha mostrado aún en todo su esplendor. Y lo peor es que no faltan quienes anhelan esas imposiciones.

Los medios de información pueden ser una gran herramienta para mejorar la sociedad, y ser un estímulo y contraparte para el desempeño del gobierno y las instituciones. Podrían mejorar la calidad de los políticos mexicanos y contribuir más a que los mexicanos tuvieran una noción certera de su realidad. Pero tanto el gobierno como la sociedad no muestran una gran necesidad de conocer su realidad. Por el contrario, parecen obsesionados en engañar y en engañarse a sí mismos.

Los medios tampoco muestran muchas señas de que estén madurando. Así que el público mexicano seguirá recibiendo de los medios reportajes mal hechos, información alterada y tendenciosa, encubrimiento de noticias que no son del agrado del medio o del gobierno, artículos pagados por gobernadores o grupos poderosos que pasan por información imparcial, opiniones de gente cuya lealtad está comprometida y todo aquello a lo que estamos acostumbrados.

© Panóptico, Alberto Carrillo
Diciembre 15, 2001