Nada hay más terrorífico que checar el correo el lunes por la mañana. Con la mano temblorosa sobre el ratón, hago click en la bandeja de entrada, para encontrar 70 correos, de los cuales 65 son spam, es decir, correo no solicitado. Hay de todo: cadenitas de la suerte enviadas por los mismos tipos de siempre, lo que me hace sospechar que seguramente no mejora mucho su suerte invadir correos ajenos con estupideces; invitaciones a visitar sitios de lo más diverso que van desde portales para aprender el sistema tributario del Congo hasta trenzado de lazos para lanzas maoríes; ofertas de programas para mejorar mi crédito en mi tarjeta Wonder Orlando Platino, que de cualquier modo no poseo; llamados a dejar de ser una persona frustrada y al fin conseguir ese postergado posgrado en la Universidad de Biafra; y los que más me intrigan, como la venta de elongadores del miembro viril o productos diversos para tener éxito con las mujeres, lo que me habla de que quien hace el spam lo realiza con total indiscriminación.
Quisiera exigirles a todos esos invasores que ya no me manden spam, pero según me han dicho, eso sólo sirve para que en poco tiempo reciba uno el doble de correo no solicitado. Porque una vez que uno muestra señales de vida, entonces no puede evitar ser atosigado para siempre por mercachifles que me ofrecen una procesadora para enlatar calamar con todo y barco, o adquirir un condominio de tiempo compartido en la costa de Libia, a tan sólo 350 kilómetros del poblado más próximo.
En buena medida le hecho la culpa a mis amigos desocupados, que sin cesar incluyen mi correo en horripilantes cadenitas ociosas. Ya saben cuales: el angelito de la guarda o el gusanito del amor y otras igualmente tontas. Para los que no las conozcan, más o menos son así: un mensaje que, de tan emotivo y cursi, da ganas de vomitar, y que termina con "a la cuenta de 10 pide un deseo". El mensaje sigue con la cuenta regresiva, a lo largo de cientos de renglones. "Diez... nueve... ocho..." y al final, otro más dice "Felicidades, tu deseo se cumplirá antes de un mes". En realidad no recuerdo la unidad de tiempo, pero no importa pues de cualquier manera el deseo jamás se cumple.
Hay un par de variantes de la anterior. Una es la de "Bill Gates acaba de anunciar que las primeras mil personas que envíen este correo a 100 de sus conocidos, recibirán copias gratis de (ponga aquí la paquetería de moda de Microsoft)". La segunda es más variada, pues cambia el nombre del beneficiario, de la enfermedad y del país, pero nada más "Abdulah Omar, un pequeño palestino que padece migraña galopante, requiere de una costosa operación que su familia no puede sufragar. Abdulah necesita 400 mil dólares. Una firma dijo que por cada correo que usted envíe, le donará un centavo. Ayúdelo por favor".
Lo genial de este caso es que no existe ni el niño, ni la firma y a veces ni siquiera la enfermedad. Entonces queda la pregunta ¿qué gana la gente haciendo este tipo de cadenas?
"Ocio", dirán algunos. Y sí, es muy posible que algunas surjan así. Pero otras vienen de las compañías que más tarde usan spam para promoverse. La mejor forma de conseguir una gran cantidad de cuentas de correo de extraños es este método, y como la gente sin sesos sigue mandando las cadenas, ayudando a niños inexistentes o pensando que mañana llega el cartero con el programota que va a mandar Bill Gates, las listas crecen sin parar.
Evite por cualquier medio que sus "amistades" lo incluyan en estas estupideces. Sólo sirven para estropearle el correo. Uno termina sacando una cuenta privada, que sólo proporciona a un número selecto de personas, como si fuera de la CIA, pues su cuenta original está rebosando spam. Y a veces, a la hora de borrarlo, entre los mensajes basura elimina sin querer uno útil.
Porque una vez que aparece el spam, no hay marcha atrás. Y se tendrá que resignar a recibir por toda la eternidad en su cuenta de correo invitaciones para competir en el concurso de belleza "Miss Anorexia 2002", oportunidades de inversión desactivando minas antipersonales en vacaciones, solicitudes del Ku Klux Klan para donar algo a "la causa", ofertas de taladros submarinos de segunda mano y programas de capacitación para convertirse en millonario vendiendo cremas contra la calvicie que también sirven para remover pintura.