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Su Escuela en Camboya
Por Gerardo Ochoa

¿No le gustaría que una escuela llevara su nombre?

Esto es posible, y al mismo tiempo puede usted hacer la buena acción de su vida. Patrocine una escuela en Camboya.

¿Por qué Camboya?

Después del genocidio ordenado por Pol Pot y ejecutado entre 1975 y 1979, Camboya quedó devastada. Murieron 1.7 millones de camboyanos, casi la tercera parte de la población del país. El genocidio fue selectivo: se ejecutó sobre todo a maestros, médicos, ingenieros, artesanos, científicos. A todos, en fin, los que la visión totalitaria de Pol Pot identificaba como corruptos por el capitalismo y las influencias occidentales, y estorbaban su proyecto particular de nación. Por supuesto, se destruyó la ciencia, economía e industria nacionales. En su ciego afán de lograr en Camboya el renacimiento de la cultura Khmer antigua - o lo que él concebía como tal -, condujo al país a un baño de sangre y a poner en serio peligro la subsistencia de la nación. Al final del genocidio, Camboya estaba empobrecida, semidestruida, expuesta a crisis externas e internas, y con sus mentes más brillantes acabadas. Por sólo mencionar a un gremio, sólo cuatro médicos sobrevivieron. Entonces, el sistema educativo era sólo un recuerdo.

Afortunadamente, eso ha quedado atrás. Hoy, la esperanza es un cotidiano en Camboya. Hay un nuevo brío en los camboyanos. Su presencia florece, y su cultura está siendo rescatada. Los supervivientes, convencidos de la esterilidad de estacionarse en el pasado o de lo inútil de los resentimientos, han puesto en marcha a su país. Afortunadamente, no están solos en su tarea. Varios extranjeros, que por distintos motivos aprecian a Camboya, prestan un servicio invaluable al país. De entre ellos, el más notable es Bernard Krisher.

Periodista y Filántropo

La historia de Krisher es tan interesante como la de sus proyectos. Fue reportero de Newsweek durante los sesenta en Camboya y el resto de Asia. De hecho, fue el primer periodista en el mundo que pudo entrevistar al emperador Hirohito. Más tarde fue nombrado director de esa revista en la región y se quedó a vivir en Tokio. Pero más allá de su talento periodístico, su alma permaneció en Camboya, que en los años sesenta "era una tierra de hadas; una pequeña París".

Cuando en 1991, el rey Norodom Sihanouk regresó al país, Krisher decidió que había llegado la hora de ayudar a su querida Camboya. Pronto encontró que su intención era bien recibida, y sin trabas burocráticas y el apoyo del rey, su pasión por Camboya pudo florecer en proyectos concretos. Las principales necesidades que identificó fueron la salud, la educación y la creación de una prensa libre.

Así, consiguió fondos para construir el Centro Hospitalario de Esperanza Sihanouk en Phnom Penh, especializado en cirugía ortopédica y rehabilitación para lesionados por las minas antipersonales. También fundó un orfanato, llamado Luz del Futuro, cuya página se ubica en www.futurelight.org, una institución indispensable en un país con un gran número de huérfanos de guerra. Más tarde creó el periódico Cambodia Daily (www.cambodiadaily.com), que se publica en khmer e inglés.

Krisher atribuye el éxito de sus proyectos humanitarios a "tener una visión, desplazarse hacia ella con ahínco y ser transparente con los recursos; así, nada es imposible". Esa transparencia implica ser muy claros en la forma en que se invierte el dinero, y usar la internet para que la gente pueda vigilar el avance de los proyectos que está apoyando.

Actualmente es presidente de Ayuda Japonesa a Camboya (Japan Relief for Cambodia) y Asistencia Estadounidense para Camboya (American Assistance for Cambodia) y representante en la región del Laboratorio de Medios del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), sus esfuerzos por ayudar a Camboya han logrado el reconocimiento internacional. En 2001, recibió el premio de la Fundación Gleitsman, que también ha sido otorgado a personalidades como Nelson Mandela y José Ramos Horta. Sin embargo, su mayor recompensa es la alegría en los ojos de los niños de Camboya.

Internet Hace la Diferencia

Uno de los proyectos que también han sido muy destacados es dotar a Rovieng, una pequeña provincia de Camboya, con acceso a internet. Gracias al apoyo de Satélite Shin de Tailandia, la compañía de telecomunicaciones propiedad de Thaksin Shinawatra, Primer Ministro de Tailandia, que obsequia el acceso satelital a internet, y la donación de equipos de cómputo, la aldea puede vender sus productos en el mercado internacional. Eso ha estimulado la producción de artesanías, sobre todo de seda, que estuvieron a punto de extinguirse durante el genocidio. Pero también ha permitido el funcionamiento del proyecto de Telemedicina: una enfermera va a las comunidades cercanas, recaba síntomas y signos y toma fotografías con una cámara digital de las lesiones y alteraciones de los pacientes. A través de internet, se hacen llegar a especialistas de la Escuela de Medicina de Harvard y el Hospital General de Massachusetts. Los médicos evalúan en la medida de lo posible a los pacientes y envían por internet sus impresiones diagnósticas, solicitan exámenes o exploraciones específicas, e indican tratamientos. Aunque el diagnóstico a larga distancia tiene muchas limitaciones, ha sido la diferencia entre la vida y la muerte para muchas personas en un país donde la atención médica es muy escasa y lejana. Puede visitar la página de la aldea en www.villageleap.com.

El acceso a internet es constante, y no sólo se usa para cosas serias. Los niños, por ejemplo, pasan las tardes navegando por páginas que no entienden, pues muy pocos saben inglés y las páginas en khmer son muy escasas. Sin embargo, le van perdiendo el miedo a la tecnología y poco a poco se van atreviendo a comunicarse en un inglés rudimentario, que mejora día con día.

Escuelas con su Nombre

Algunos de sus críticos han dicho que los niños de Camboya lo que necesitan es ropa y comida, no internet. Krisher ha respondido, con toda razón "¿y por qué no ambas cosas?". Y es que la internet no es un lujo, sino una oportunidad de desarrollo si se le usa bien.

Mostrando congruencia entre el pensar y el actuar, Krisher comenzó un proyecto muy ambicioso para construir escuelas con acceso a internet, llamado Programa de Escuelas Rurales de Camboya. Serían escuelas bien equipadas, bien construidas, que aseguraran su permanencia y motivaran a maestros y alumnos a acudir a ellas. Con Krisher las cosas no permanecen durante mucho tiempo como proyectos. El objetivo de construir 250 escuelas está por ser alcanzado.

"Actualmente hay 110 escuelas construidas, 40 en construcción y 56 más que deberán estar listas en alrededor de un año. El objetivo es terminar 250, y después enfocarse al desarrollo de habilidades en computación e inglés".




En plena construcción.

Imagen: © www.cambodiaschools.com

Patrocinar el financiamiento de cada escuela cuesta al donante 14 mil dólares. 12 mil son para la construcción (que son complementados con otros 12 mil dólares provistos por el Banco Mundial) y 2 mil para el sueldo de dos años del maestro. Por 1700 dólares adicionales, se puede dotar a la escuela de páneles con celdas fotoeléctricas para hacer funcionar a las computadoras, y con 100 dólares más se consigue un librero repleto de libros.

15 mil 800 dólares puede parecer mucho dinero, pero, dice Krisher "lo que más me ha impresionado es que algunos donantes no son gente rica: personas retiradas, un conductor de autobús de Tokio, etc. Algunos le ponen a la escuela el nombre de sus padres, hijos, esposa o esposo, o alguien querido". Y, además, "niños de escuelas como la Nishimachi de Tokio o la Overlook de Seattle, han realizado eventos, rifas, donado sus domingos y cosas similares para poder patrocinar una escuela".




Aspecto de una escuela terminada.

Imagen: © www.cambodiaschools.com

Para quienes no tengan tal cantidad de dinero, hay otras formas de colaborar. "Necesitamos computadoras, impresoras, monitores, útiles escolares, equipo deportivo y también apoyo financiero para que los niños de entre 8 y 12 años del orfanato Luz del Futuro, que saben computación, puedan hacer estancias de seis meses en las comunidades en las que se construye la escuela y enseñar a niños y maestros a usar la tecnología. Ellos lo hacen gustosos y la ganancia es doble, pues mientras la comunidad aprende, ellos pueden vivir con una familia que los ame". Si usted desea colaborar de esa manera, es mejor hacer llegar su donativo en efectivo "porque es más barato comprar el equipo en Camboya que pagar el gasto de envío desde cualquier país".

Con 500 dólares, se puede patrocinar la estancia de seis meses del niño de Luz del Futuro en una comunidad, que paga una compensación o "salario" de 20 dólares mensuales para el niño y gastos mensuales de 60 dólares por comida y alojamiento para la familia que lo recibe. El acceso a internet de las escuelas que pueden prescindir de la costosa conexión satelital cuesta 100 dólares mensuales. Con 100 dólares, se construyen libreros que no sólo llevan mil dólares en libros donados, sino el nombre del patrocinador. Con 50 dólares, se compra una bicicleta para los niños que necesitan caminar más de cuatro kilómetros hasta la escuela.




Usar internet, lo más importante.

Imagen: © www.cambodiaschools.com

La página principal del programa es www.cambodiaschools.com.

Otros Proyectos

Además del proyecto escolar, Krisher tiene varios otros para ayudar a Camboya. Por sólo 5 dólares usted salva tres vidas, tal y como se describe en www.save3lives.com, ya que con ese dinero se compra un mosquitero que sirve para proteger a tres personas de la picadura de los mosquitos y así evitar la propagación del paludismo, una de las principales causas de muerte en el país.

¿Qué le parece? Para su tranquilidad, el dinero no irá a altos sueldos ni de Krisher o de alguna burocracia. "Mi esposa Akiko y yo somos los únicos que trabajamos en Japón, y lo hacemos desde nuestro departamento. No tenemos sueldo, claro. Y en Camboya hay un equipo de 10 personas que son las necesarias para coordinar las actividades de construcción, supervisión y demás. Los costos operativos son cubiertos por otros donantes, pues la gente que dona para estos proyectos quiere que su dinero vaya a los niños, y no a pagar sueldos de adultos".




Donada por Bob Ellis.

Imagen: © www.cambodiaschools.com

Dígale a alguno de sus amigos. O haga como los niños de las escuelas Overlook y Nishimachi: colecte el dinero poco a poco. O sugiera esto en la escuela de sus hijos. ¿Qué mejor enseñanza pueden recibir los niños de una escuela que contribuir para un proyecto de esta magnitud?

¿Qué mejor donativo puede hacer usted que financiar una escuela en Camboya? Puede ponerle el nombre de sus hijos, sus padres o el suyo propio.

Y lo mejor es que puede ayudar a llevar la esperanza a miles de niños camboyanos.




Orgullosos frente a su nueva escuela.

Imagen: © www.cambodiaschools.com

© Panóptico
Febrero 25, 2002