El estallido de la huelga en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) no puede evaluarse como un hecho aislado. Los sindicatos de las diversas universidades gubernamentales están planeando unirse y paralizar la vida universitaria en todo México. Con viejas tácticas de lucha, inútiles, inocuas e impotentes pretenden ablandar al Congreso y al gobierno de Vicente Fox, y obtener así un jugoso incremento del subsidio federal. Es interesante observar que en esta actitud se han hermanado las autoridades universitarias, los sindicatos y los diversos grupos izquierdistas de alumnos y profesores. "¡Unidos por un botín más abultado!" es la consigna del momento. En esta tesitura, no será difícil ver a rectores en marchas, manifestaciones, peregrinaciones y huelgas de hambre junto con los activistas y globalifóbicos.
En otros tiempos esta actitud de los gremios izquierdistas que controlan las universidades públicas habría sido muy preocupante, pero hoy en día ya se conocen buenos remedios para aprovechar sus luchas estériles y ciegas.
En efecto, lejos de preocuparnos de que la burocracia sindical tome a las universidades públicas como rehenes para sangrar los bolsillos de los contribuyentes, se debe armar una estrategia para aprovechar el conflicto y darle una salida que valga la pena.
Aquí presento una alternativa: consiste en utilizar a la misma izquierda para acabar con las instituciones burocráticas del Estado, las cuales han demostrado hasta la saciedad su incapacidad para educar al pueblo y su eficiencia para malgastar recursos. Para esto, hay que apoyar que los propios sindicatos se encarguen de cerrar las universidades públicas, esto es, hagan estallar las huelgas.
El segundo paso táctico es hacer permanente esa huelga, es decir, ninguna universidad pública volvería a abrir.
El tercer paso consiste en que el Congreso junto con el gobierno de Vicente Fox generen un plan de rescate para todos los alumnos verdaderamente interesados en realizar una carrera universitaria.
Rescatar a los Alumnos
El plan de rescate consiste en que el gobierno coloque los recursos actualmente dedicados a la educación universitaria en un fondo administrado por un banco privado para que éste ofrezca a los alumnos, a manera de crédito estrictamente retornable, recursos monetarios necesarios y suficientes para que realicen su carrera universitaria en una institución privada, nacional o extranjera. Por ejemplo, si un alumno de la UNAM o cualquier otra universidad en huelga, desea inscribirse en el Tecnológico de Monterrey o en la Universidad de Harvard, el fondo le prestaría no sólo para pagar la colegiatura sino también para los gastos que requiera (libros, renta de casa, computadora, viajes, etc.) mientras permanezca en la escuela de su elección. Cuando el alumno sale de las aulas, haya terminado la carrera o no, empezaría a regresar el dinero a través de pagos periódicos para amortizar su deuda en un plazo de veinte años.
El dinero que el gobierno coloque en los bancos, para este propósito, deberá devengar una tasa de interés para que alimente al mismo fondo. Y debe ser en un banco privado para que el dinero dedicado a la educación no esté sujeto a los caprichos sexenales de la burocracia gubernamental y para garantizar que el banquero rigurosamente le cobre a los que usaron el crédito así se encuentren en el último rincón del planeta. Esto es para evitar la desgraciada experiencia del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT), un instrumento burocrático del Estado en el cual el dinero se pierde sobre todo en la subsistencia de la burocracia.
Los créditos disfrutados por los alumnos deben estar sujetos a la tasa activa de los bancos privados. Esto permitirá que los nuevos profesionistas ayuden a incrementar el fondo dedicado a la educación universitaria y sean los primeros interesados en salir de sus deudas.
Bajo este plan, vale la pena dedicarle más recursos a la educación pues no es a fondo perdido ya que todo el dinero invertido regresa para que nuevos alumnos sean apoyados. Este es el verdadero concepto de "invertir en educación".
Con este plan, nadie tendría el pretexto de no estudiar por falta de recursos, pues el fondo le prestaría todo lo que necesite. Además, este sistema permitiría el acceso a las escuelas y universidades de todos aquellos que verdaderamente quieren desarrollar sus habilidades y talento. Los alumnos ya no estarían cargando sus gastos en las espaldas de sus padres o de terceros - la gente pobre que paga impuestos y nunca han tenido acceso a la educación universitaria -, pues él mismo cubrirá hasta el último centavo, y esto significa un acto de justicia y equidad.
Adicionalmente, se permitiría el crecimiento del sector privado en la educación universitaria; se fundarían nuevas universidades; se alentaría que llegaran a nuestro país sucursales de universidades de gran prestigio internacional. Pero, sobre todo, se estaría eliminando todo un aparato burocrático generado por el viejo gobierno de la "dictadura perfecta", responsable del actual gran fraude educativo.
La solución ahí está. Falta sólo la voluntad del Poder Ejecutivo y Legislativo para echarla a andar. Si se corrigen sus defectos y se analizan las ganancias que puede producir, este plan seguramente será una de las mayores aportaciones al desarrollo de México y muchos lo van a agradecer.
Nota del Editor. El autor es profesor e investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana. Puede escribirle a santosmer@hotmail.com