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Para Formar Nuevos Banqueros
Por Santos Mercado-Reyes

México necesita formar una nueva generación de banqueros si queremos construir una economía sana, próspera y competitiva.

Los primeros bancos que funcionaron en México venían del extranjero. En tiempos de Porfirio Díaz penetraron en nuestro país varios bancos de importancia internacional. Mucha gente trabajó en esas instituciones pero sólo como empleados por lo que no pudieron aprender el arte del oficio. Luego, con la revolución mexicana, se destruyó la mayor parte de la estructura bancaria. Varios bancos prefirieron abandonar el país, y los pocos que quedaron fueron expropiados por el presidente socialista Lázaro Cárdenas, quien inauguró así un período de banca burocrática donde los políticos jugaban a ser banqueros. Por supuesto, nunca aprendieron. Con Manuel Ávila Camacho se da cierta apertura para permitir que la iniciativa privada incursionara en este renglón, pero siempre supeditados, vigilados y subordinados al control estatal. Sin embargo, el modelo funcionó y en 1980 la banca mexicana era la más fuerte e influyente de América Latina. Pero en 1982 López Portillo nacionalizó la banca, destruyendo así la cultura bancaria. La reprivatización, mal realizada y peor instrumentada, condujo a una vulnerabilidad tal del sistema financiero que dio lugar al Fobaproa y la desnacionalización de los grupos financieros. Hoy, cuando más se le necesita, prácticamente no existe la banca mexicana.

En resumen, México carece de una cultura bancaria sólida. Por desgracia, en nuestro país no existe una sola escuela que enseñe o aliente a la gente a formarse como banqueros. Se entiende por banquero aquel empresario que asume el riesgo de manejar el crédito y el ahorro con el fin de financiar a la gente emprendedora, ayudar al necesitado de recursos contingentes y brindar una alternativa de negocio a los que simplemente desean guardar su dinero productivamente.

El campo bancario en México es prácticamente virgen. Representa una gran oportunidad para aquellas personas honestas que se dispongan a manejar y cuidar el dinero ajeno mejor que si fueran dueños del mismo.

Para aprender el oficio de banquero no se requiere entrar a trabajar en un banco, pues allí sólo se aprende a ser un empleado de cuello blanco y nada más. Tampoco se requiere registrarse ante las instituciones burocráticas, pues lo más seguro es que te vean como bicho raro. He encontrado, como buena estrategia, la construcción de las llamadas (y desprestigiadas) cajas de ahorro.

Nadie se sorprenda que en México los intelectuales comunistas que inundan la prensa oficial hablen lo peor que pueden sobre las cajas de ahorro pues las perciben como engendros diabólicos del capitalismo. Es necesario hacer caso omiso de las críticas izquierdistas y de las peripecias de la burocracia gubernamental que siempre están atentas para estorbar el desarrollo de las cajas de ahorro. Baste recordar que en España los grandes bancos de hoy en día iniciaron como pequeñas cajas de ahorro, y hoy son enormes corporaciones internacionales, sólidas y robustas que crecieron conforme sus dueños desarrollaban su visión empresarial en este campo.

Por este motivo, me he dado a la tarea de incitar a los jóvenes universitarios para que penetren en esta labor hermosa, necesaria y pertinente. En realidad, cualquier persona puede iniciarse en este negocio. Basta que sea muy responsable, honorable y dispuesto a administrar con mucha honradez el dinero.

El fundamento económico para emprender una caja de ahorro es que responde a una necesidad real de la población: mucha gente quiere ahorrar, desde el niño que se dispone a guardar diez pesos a la semana, hasta el empresario que desea hacer su guardadito para pagar los aguinaldos de sus trabajadores. Como bien sabemos, la banca oficial no atiende a los ahorradores en pequeño. Todos esos son clientes potenciales de las cajas de ahorro. También hay mucha gente necesitada de créditos o financiamiento. De nuevo, la banca oficial ni los ve, ni los oye, y son el objetivo natural de las cajas de ahorro.

Fundar una caja de ahorros y crédito es más fácil de lo que usted se imagina.

Mi sugerencia es que inicie con sus familiares más cercanos: los hermanos, tíos, abuelos, primos y demás. Invítelos a que ahorren una cantidad determinada por semana, desde diez pesos. Usted verá que, como por arte de magia, surgen los solicitantes de crédito. Por supuesto, a quien solicita se le debe cobrar una tasa de interés para formar la ganancia de los ahorradores. Puede iniciar con un plan anual. Quizás el primer año solo haya tenido diez clientes ahorradores. Cuando después de doce meses de funcionamiento los ahorradores reciban sus ahorros con sus ganancias, usted notará un brillo en sus ojos y empezará a notar que si ahorraban diez pesos, ahora duplicarán o triplicarán sus depósitos y le preguntarán si pueden meter a sus amigos y así su caja empezará a crecer. Por supuesto, todo esto es cierto si usted aprendió a manejar bien su pequeña caja, si mantuvo trabajando el dinero todo el tiempo y si supo repartir adecuadamente las ganancias.


Nota del Editor. El autor es profesor e investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana. Puede escribirle a santosmer@hotmail.com

© Panóptico, Santos Mercado-Reyes
Abril 29, 2002