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Los Inicios del Desastre
Por
Ryan Feldman
Sin ánimo entrar en debates y discusiones con este tema tan controvertido, sólo deseo presentar algunos hechos atribuidos a un innegable calentamiento climático general del planeta Tierra.
1) El aumento en el nivel del mar. No tengo el menor interés en escenarios futuristas como la desaparición de la bahía de Sydney, el hundimiento de la isla de Manhattan o el desbordamiento de los diques en Holanda, sino en fenómenos actuales. Hoy mismo las playas en las Antillas, en el Caribe, están desapareciendo. Hoy mismo algunas áreas de las islas Marshall quedan, cuando hay oleaje fuerte, completamente bajo el mar. Hoy mismo las casas y construcciones están siendo alejadas de las costas en Kiribati, Vanuatu y Fidji, pues la pleamar las inunda. Y son, insisto, situaciones actuales. Al parecer, a nadie importan estas pequeñas naciones isleñas.
2) El incremento en la frecuencia de fenómenos climáticos. Antes pasaban décadas y ahora apenas unos cuantos años para que esta clase de fenómenos se presenten con insólita intensidad. El Niño y La Niña, antes espaciados por décadas, se presentan cada pocos años. Al mismo tiempo, las temporadas de sequía en el centro de Australia han aumentado, y cada año es mayor la violencia del monzón en los subcontinentes indios y del sureste asiático, por mencionar sólo los casos que me vienen a la cabeza.
3) La alteración de los patrones reproductivos y distributivos de los animales. Las poblaciones animales han visto alterado su número, generalmente hacia abajo. Hay menos pingüinos y osos polares, porque las hembras están teniendo menos crías. Poblaciones que se contaban por millones, como las truchas arcoíris de Oregon, en Estados Unidos, alcanzan apenas millares actualmente. Han aparecido tiburones blancos en el mediterráneo, cosa que al principio se consideró una invención, pero que ha sido confirmado por avistamientos y capturas de este animal en las costas de Grecia e Italia. El blanqueamiento del coral, un signo de perturbación grave y persistente, se ha extendido de pequeñas manchas a principios de la década pasada a grandes áreas, en la Gran Barrera, el sistema arrecifal más grande del mundo, al oriente de Australia. Y los corales caribeños, sobre todo en Belice, presentan ya también daños extensos. Pero no todos los animales han disminuido. Los que son plagas han aumentado, y en los últimos años los desastres anuales causados por las langostas anticipan una hambruna que quizá se exprese en un par de años más. Hoy mismo, una plaga de langostas en Afganistán acaba con los pocos cultivos sembrados después del final de la guerra en ese país en ruinas.
4) Los cambios en la distribución de las enfermedades. Antes de 1999, la encefalitis por virus del Nilo Occidental estaba confinada a Africa y Medio Oriente. Ahora se extiende por más de la mitad del territorio de Estados Unidos, después de su llegada en ese año al continente americano. Si bien hay autores que suponen que la introducción fue intencional, no pueden dejarse de lado el aumento en la enfermedad de Lyme y el dengue hemorrágico, que sin duda alguna han aumentado en frecuencia y extensión, y no sólo en distintos países de América. La fiebre amarilla, confinada antes en el continente americano a la región norte de América del Sur, avanza inexorablemente a lo largo de América Central. El síndrome de Irukandji, antes propio del archipiélago indonesio y norte de Australia, ha hecho su aparición en otros países, algunos muy distantes. La mortandad piscícola y enfermedad humana por Pfiesteria piscicida, limitada aún a ciertas regiones de Estados Unidos, se atribuye a la eutrofización del agua con desechos orgánicos y fertilizantes. Pero la temporada cada vez dura más, y siempre coincide con los picos de calor. ¿Será ésta otra asociación casual, al decir de los científicos ignorantes vendidos a las transnacionales y empresas de combustibles fósiles?
Sin duda alguna hay más evidencias. Pero, ¿tiene algún sentido presentarlas? A la fecha, sin importar cuáles sean los datos o quién los presente, han sido ignorados por quienes ya decidieron subestimar el fenómeno. En un mundo perfecto, los gobiernos de Estados Unidos y Australia, máximos responsables del fracaso de los Acuerdos de Kyoto, tendrían mucho que explicar. Pero no en el actual, porque así funciona esta peculiar forma de fascismo llamado globalización, donde una decisión puede alterar la vida de naciones enteras, pero siempre es para bien general, y nunca nadie tiene culpa alguna.
Nota del Editor. Ryan Feldman es residente de Darwin, Australia.
© Panóptico, Ryan Feldman
Mayo 20, 2002
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