"La historia de México es una larga serie de derrotas gloriosas
y un pesado directorio de héroes derrotados".
Luis González de Alba
La historia de México puede entenderse como una continua búsqueda de identidad. En tanto país y habitantes, en México hay un conflicto constante de identidad. Provenimos de dos culturas distintas, los españoles y los indígenas, los conquistadores y los conquistados, y somos hijos de ambos, somos mestizos.
No hemos sido capaces de aceptar la realidad. Las falacias se han enseñado como verdades y las derrotas relucen como victorias. Se nos ha enseñado que nuestros antepasados vivían en la paz y armonía, cuando en realidad había pueblos sanguinarios que atormentaban a otros, cometiendo más injusticias que las hechas por los españoles a los indios. Entre otros, los inmaculados aztecas.
Muchos de los héroes no son más que mitos: Moctezuma, a la cabeza de un imperio inmenso, se rindió pacíficamente ante un grupo de 400 hombres encabezados por Hernán Cortés, quien lo mandó a arrestar en su mismo palacio. Ese es uno de muchos ejemplos. En el afán de negar lo español, se olvida que la mitad de nuestra sangre viene de esos odiados y caricaturizados españoles. Se dice que Hidalgo es el padre de la patria, ya que luchó desde el principio por la Independencia de México, ¿pero realmente lo es, cuando su rebelión fue aplastada al poco tiempo de iniciarse, lo mismo que con Morelos? Y recordemos que Hidalgo no se levanta por la independencia, sino contra la imposición de Pepe Botella. Es decir que el grito de Dolores es un llamamiento a favor de la monarquía de Fernando VII y la continuación del virreinato. ¿Qué acaso sus intenciones no eran bastante distintas a los resultados finales?
Entonces, ¿por qué no se enseña la historia tal y como fue? Quizá porque hay muy pocos hombres que realmente son héroes y con quienes podemos identificarnos. Me atrevo a decir que uno de esos pocos es Porfirio Díaz, al cual hay que ningunear sin piedad por haberse perpetuado 30 años en el poder, en lugar de reconocer todos los logros de su largo periodo como presidente. Pero es difícil, con el revisionismo revolucionario, que haya reconvenciones. Si de por sí, no hay una identidad mexicana bien definida, ¿qué sería de los mexicanos sin un Hidalgo, un Morelos, un Zapata, un Villa o unos Niños Héroes?
¿Qué hay más allá de los gritos de Viva México el 15 de septiembre, de los símbolos patrios, de la comida mexicana o de la imagen de la Virgen de Guadalupe? Al parecer, no mucho. Gritamos y festejamos en el Ángel de la Independencia cuando ocasionalmente la selección mexicana de futbol gana algún partido, pero no hay mucho más. Las identidades y costumbres varían de un lugar a otro a lo largo del país, y la identidad nacional sigue en el aire.
Nuestra falta de identidad nos ha llevado a copiar lo peor de otros países, y al mismo tiempo, vivir atados a parteaguas simbólicos, lamentando la pérdida de más de la mitad del territorio, o el Tlatelolco del 2 de octubre, en vez de imitar lo mejor, de construir modelos propios, aceptar la verdad de nuestro pasado y mirar hacia delante.
Hoy en día, los mexicanos aún no saben a dónde pertenecen, ¿pero a dónde nos llevará esta falta de identidad, este pasado viviente que no deja de atormentarnos y no nos permite mirar hacia el futuro? La identidad de los mexicanos continúa siendo, por ahora, indefinida. Y el futuro, poco prometedor.