Las escuelas y universidades gubernamentales, es decir, aquellas construidas por el gobierno, cuya supervivencia depende de los recursos cobrados por el Estado en forma de impuestos, juegan un papel fundamental para mantener vivo el proyecto de nación consistente en hacer de México un país comunista.
Todas las escuelas y universidades gubernamentales nacieron como producto natural y necesario de la Revolución Mexicana. Esta revolución, inspirada en las ideas socialistas de la época, tenía como objetivo acabar con el incipiente sistema capitalista o liberal que había iniciado Porfirio Díaz y, en su lugar, establecer un sistema donde el Estado impusiera el control político y económico total sobre la sociedad.
Así fue como la ideología comunista importada de Europa alimentó a las mentes más brillantes del México revolucionario, desde Gildardo Magaña, ideólogo de Emiliano Zapata; Flores Magón; hasta Jesús Reyes Heroles, quien dio gran fortaleza y larga vida a uno de los partidos comunistas más poderosos del mundo. En efecto, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue capaz de retener el poder autoritario más tiempo, incluso, que el Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Para que la Revolución Mexicana, institucionalizada en el PRI, pudiera lograr esta hazaña, no bastaba con crear un sistema presidencialista que garantizara el poder en manos de la familia revolucionaria. También creó sistemas de control obrero (Confederación de Trabajadores Mexicanos CTM), de control campesino (Central Nacional Campesina CNC). Para controlar a los empresarios burgueses, creo las cámaras patronales. Para controlar a los músicos creó el Sindicato Nacional de trabajadores de la Música. Para controlar a los disidentes creo otros partidos políticos que en realidad eran copias fieles del priísmo (PPS, PARM, etc.). Y así, hasta abarcar casi todas las facetas de la vida nacional.
La verdadera genialidad de la Revolución Mexicana, sin embargo, y por tanto del Partido Revolucionario Institucional, radica en su gran visión para controlar la mentalidad de los mexicanos. El PRI sabía perfectamente que si controlaba las ideas de la gente, podía controlar a la gente misma.
Formar gente dócil al poder, que no cuestionara el sistema político de partido único, que no intentara subvertirlo o transformarlo, que tomara al grupo de burócratas y políticos, disfrazados de funcionarios públicos, como si fueran el Bendito Estado, el gran Dios al que se debe respeto y obediencia, era el reto que tenían que resolver para garantizar y mantener un largo reinado.
Hay que reconocer que el PRI supo resolver magistralmente este problema mediante la creación de un gran sistema educativo capaz de controlar la mente de todo mexicano, desde que nace hasta que muere. Esta es la clave que explica a la dictadura perfecta, como dijera Vargas Llosa. En efecto, la familia revolucionaria se preocupó por un férreo y sutil programa para controlar las ideas de la gente. Estableció una Secretaria de Educación Pública, que tiene el control de todas las escuelas primarias, secundarias, preparatorias, normales y universidades del país (incluyendo las llamadas privadas). Esta es la secretaria que dicta los planes y programas de lo que puede y debe aprender todo estudiante mexicano. En la conciencia de los mexicanos penetró hasta el fondo la idea de que el Estado tiene la responsabilidad y la obligación de educar al pueblo. Casi nadie cuestiona por qué un grupito de vulgares políticos debe tener el derecho y la obligación de decidir lo que aprenden nuestros hijos. Más aún, se ha generalizado la idea de que la educación nunca debe estar en manos privadas, es decir, en manos de los propios ciudadanos como si estos fueran transgresores que sólo pueden pervertir la mente infantil. Y por eso, el Estado priísta asumió el control hasta de los kinders y jardines de niños. Hoy en día, nadie tiene derecho, por ejemplo, de establecer una escuela primaria donde rijan los planes y programas que el dueño crea que son de beneficio para los niños. Todo debe estar bajo el control de la Secretaría de Educación Pública, o de lo contrario el gobierno clausura la escuela. Esta situación de control feudal de la educación indica que prácticamente no existen escuelas privadas en México donde la gente pueda aprender ideas diferentes a las oficiales.
El PRI, el PRD, el PVEM, incluso el PAN (partidos pro-socialistas) y todas las fuerzas comunistas, izquierdistas, zapatistas, etc., reconocen la gran importancia de mantener un sistema educativo controlado desde el gobierno. Saben que es parte de la estrategia para que tarde o temprano las fuerzas de izquierda recuperen el poder formal y continúen con el proyecto de hacer de México un gran país comunista o socialista. Por eso es perfectamente explicable que se opongan a todo proyecto que suene a privatización, pues ello acabaría con el control mental de los mexicanos. Crearía gente libre, con ideas propias que ya no se dejaría manipular.
Imaginemos por un momento que en lugar de tener un sistema educativo comunista como el mexicano, es decir, controlado por la burocracia gobernante, se tuviera uno donde cada escuela y universidad fuera libre de establecer sus propios planes y programas y exponerse al mercado, es decir, a que los clientes decidan si la escuela es buena o mala. En primer lugar, no habría sindicatos, en segundo lugar, los profesores estaríamos obligados a educar de acuerdo a las necesidades del cliente, los trabajadores estarían obligados a trabajar, a tener los salones limpios, los baños aseados, etc. Las autoridades tendrían que estar atentas a las innovaciones para dar una educación mejor que la escuela vecina. En otras palabras, la educación se transformaría en una mercancía de tal suerte que si no es de la calidad que quiere el cliente, no obtendríamos ingresos ni para comer. Por eso, la burocracia educativa, pide, ruega, implora, exige que nunca se privaticen las escuelas y universidades. Es mejor vivir de la ubre del gobierno que sudar la gota gorda en el mercado educativo, dice la burocracia educativa.
En conclusión la Educación Pública sirve para mantener el viejo paraíso de la burocracia izquierdista y parasitaria, que sigue creyendo en un México totalitario, donde todos serían iguales, pero algunos sin duda, más iguales que otros.
Nota del Editor. El autor es profesor e investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana. Puede escribirle a santosmer@hotmail.com