Quizá el mayor éxito de los libros de Harry Potter es haber logrado lo que ningún plan de fomento a la lectura había podido: alejar a los niños del televisor o los videojuegos y acercarlos a los libros. Pese a esto, hay descontento con la obra de Rowling.
¿Por qué se ha prohibido su lectura en varias escuelas de Estados Unidos y Australia, y se intenta hacer lo mismo en Gran Bretaña? ¿Por qué la compañía Jeremiah Films produjo la película "Harry Potter: re empacar la brujería para hacer parecer inocente al mal"? ¿Por qué la Arquidiócesis Primada de México ha mostrado su rechazo y en su documento 'Un desafío para católicos llamado Harry Potter', se menciona que "Potter enfrenta constantemente situaciones en las que la visión moral cristiana no se hace evidente, es decir, no existen buenos y malos predeterminados"?
En ninguno de los cuatro libros que van hasta el momento hay indicaciones precisas de cómo realizar brujería o encantamientos. No hay un intento abierto de hacer que los niños practiquen magia o brujería. Las acusaciones son, al momento, infundadas.
Se critica también que Harry es desobediente y, contra lo que supuestamente debería enseñarse a los niños, sale bien librado de su libre toma de decisiones. Potter en efecto transgrede los límites, pero siempre razona y se informa antes de hacer las cosas. ¿No es acaso la desobediencia razonada una de las maneras de ir creciendo?
Otros disparates hablan de que en Harry Potter hay simbología oculta, satánica y perversa. Se dice que las escobas que usan los pequeños magos son símbolos fálicos, y por tanto la trama es antifeminista. También que la cicatriz en la frente de Harry representa al símbolo del dios Tor, de la mitología germánica, que inspiró a Hitler para el símbolo de la svástica y el de las SS. Así, estos libros infantiles son parte de una conspiración antisemita. Otros van más lejos y dicen que la marca en la frente de Harry es la señal del anticristo. El prejuicio, junto a la ignorancia, han llevado a quemas públicas de los libros. Así ocurrió en el condado Butler, Pennsylvania, en marzo de este año.
Lo peor es que, sin haberlos leído, muchos han hechos suyos estos prejuicios. Me recuerdan a los que, hace algunos años, criticaban sin piedad a la serie Los Simpson, sin haberse tomado la molestia de ver un capítulo entero. Mucha de esta crítica sin fundamento, de oídas, totalmente banal y prejuiciada, es la que ahora ataca a Harry Potter.
Hay valores formativos en los libros de Harry Potter. En la trama son muy importantes la lealtad, la amistad, el valor y la búsqueda de lo justo. Con frecuencia Hermione, la intelectual del grupo de amigos, se documenta ampliamente en la biblioteca de la escuela antes de tomar una decisión. ¿Puede haber mejor enseñanza que recurrir a los libros para aprender? Cuando un problema surge, Potter y sus amigos siempre acuden a algún adulto de confianza. No son, pues, todopoderosos ni omniscientes. Cada uno de ellos tiene carencias personales que van resolviendo, curiosamente, sin la magia.
Leer el primer libro da una visión simplista y parcial de lo que ocurre más tarde con Harry Potter. En cada libro, Harry es un año mayor, y así surge la atracción por el sexo opuesto, la rivalidad con los amigos y los fenómenos dejan de ser vistos en términos de blanco y negro. Lo mismo que ocurre con todo niño al crecer.
Déje de lado los prejuicios y los comentarios con interés. Déle una oportunidad a Harry. Será un buen amigo de sus hijos y un buen aliado suyo.
Publicado con el mismo título en Reforma, Vida, página 5c, 15 de diciembre de 2001
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