Hay un rasgo que caracteriza en buena medida a la vida actual: la búsqueda intencional del riesgo.
Durante mucho tiempo se le trató de evitar. En el ámbito deportivo se privilegiaban los deportes tradicionales, organizados, de equipo y de bajo riesgo. El rappel o descender ríos en lanchas de goma eran actividades reservadas para alpinistas y exploradores, y ejercidas en un contexto más bien profesional. Lo mismo ocurría en los negocios. La Bolsa de Valores era un ámbito reservado para conocedores que hacían ganancias a costa de enfrentar grandes riesgos. Quien, fuera de estas actividades especializadas y otras análogas buscaba conscientemente el riesgo, era etiquetado como insensato o irreflexivo.
Pero durante los noventa se diversificaron las actividades en las que el riesgo era parte integral. En sí mismo era el premio, y se hizo popular. Buscar riesgos dejó de ser algo negativo.
La búsqueda intencional del riesgo podría parecer una novedad inútil, pero fue importante en la evolución de la especie. Los individuos que vencían su temor al riesgo y buscaban nuevos territorios o hacían descubrimientos, estaban en ventaja frente a sus congéneres.
Enfrentar el riesgo parece dar sentido a la vida, sobre todo en la adolescencia, y muchas es la única forma de experimentar cosas nuevas. Algunos individuos requieren el riesgo como un tónico casi indispensable. Se trata de personas que tienen un bajo nivel de activación del sistema nervioso. Por eso requieren enfrentar situaciones que aumenten ese nivel de activación. Lo que para algunos es estresante, terrorífico o riesgoso, para ellos es necesario para sentirse vivos. Les agrada lo nuevo e intenso.
La base biológica de la propensión al riesgo es amplia. La herencia es responsable en 60 a 70 por ciento de los casos. La serotonina es un químico cerebral que, junto con otros y varias hormonas, participa en la regulación de la actitud frente al riesgo. Los individuos con conductas impulsivas y riesgosas tienen niveles bajos de serotonina, y también un alto porcentaje de personas con trastornos obsesivo-compulsivos, con agresión excesiva, tendencias suicidas y en general, en conductas caracterizadas por un control deficiente de los impulsos.
No hay que confundir la búsqueda del riesgo con la del daño. Si bien quien busca el riesgo enfrentará situaciones en las que probablemente resultará lastimado, en general se vuelve hábil para enfrentar el peligro. Alguien que con frecuencia resulta severamente lastimado al enfrentar situaciones peligrosas pertenece a un grupo distinto, con motivos diferentes a los del buscador de riesgo.
Como ocurre con todo, la búsqueda del riesgo tiene su connotación positiva y negativa. Es positiva si la persona se divierte sin dañar a terceros o aprende formas distintas de hacer las cosas. Infortunadamente, esta necesidad de sensaciones puede alentar comportamientos negativos y quizá fatales, como los accidentes o las adicciones.
Durante largo tiempo se ha debatido si estos buscadores del peligro son más proclives al consumo de sustancias, pero al parecer quienes satisfacen su necesidad de riesgo con actividades físicas no acuden al estímulo artificial provisto por las sustancias psicoactivas.
La actitud de los adolescentes ante el riesgo es curiosa. Cada uno entiende el peligro de usar drogas o manejar a alta velocidad, pero supone que "a mí no me va a pasar". Este sentido de invulnerabilidad es normal en el desarrollo, y reprimirlo es contraproducente. Un buen nivel de tolerancia al estrés, de autoestima, autoconfianza e iniciativa pueden ser resultado de enfrentar conductas de riesgo orientadas hacia metas positivas. La clave está en enfocarse a lo positivo.
Buscar el riesgo sólo es peligroso cuando se combina con un bajo nivel de inteligencia o no se canaliza debidamente. Sobre lo primero no se puede influir, pero sí sobre lo segundo. La búsqueda del riesgo puede dirigirse a explorar, descubrir y crear. Si su hijo muestra este rasgo, encáucelo. Inscríbalo desde niño en clubes de excursionismo, Scouts, Escuadrón o grupos afines. Además de cubrir su necesidad de riesgo, formará valores y creará un grupo de amigos. Si está más inclinado a lo académico, fomente su pasión por descubrir cosas con una buena enciclopedia, un microscopio o un juego de química.
Esta época privilegia al riesgo y lo ha convertido en una actitud deseable, por lo que es mejor hacerse su aliado. Permita que dé sabor a su vida y la de sus hijos, aprendiendo a manejarlo.
Publicado con el mismo título en Reforma, Vida, página 5c, 6 de abril de 2002
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