Hiperactivos

Para estar seguros
Gerardo Ochoa Vargas

Una de las preocupaciones más cotidianas para quienes conviven con niños es evitar que se pierdan, o en un escenario más siniestro, que sean robados. Aunque es imposible controlar todas las variables que rodean estos sucesos, se puede disminuir la posibilidad de que ocurran con estrategias sencillas, al alcance de todos.

Las estrategias varían según se apliquen a bebés, niños pequeños, niños mayores y adolescentes.

Con los bebés, es importante nunca prestarlos a desconocidos, y especialmente, a conocidos incidentales. Estos últimos son la señora que también va a la clase de natación o aeróbics y que se ha ganado nuestra confianza, ya que esta es la segunda estrategia más usada por los robachicos: ganar la confianza de los padres para que les presten al bebé. La estrategia más usada para robar niños es usar un cargo de autoridad: la trabajadora social o la enfermera que aparentan ser personal del hospital donde el niño acaba de nacer. Sin excepción, cualquiera que quiera llevarse al niño debe hacerlo en presencia de quien ya conozcamos como parte del personal, como es la enfermera de piso o del control de enfermería.

Los niños de tres años y hasta cinco requieren supervisión estrecha y es mejor que no salgan solos salvo en zonas verdaderamente seguras. Deben aprender su dirección, y lo más útil es repetírselas con frecuencia en forma de tonadita, igual que se enseñan las tablas de multiplicar.

Los niños de seis años y más suelen independizarse poco a poco. Si salen ya solos a jugar, decirles que no hablen con extraños es perder el tiempo, porque lo harán de todos modos. Es mejor enseñarles cómo comportarse, no dando datos sobre la familia, ni su dirección a quien se las pregunte cuando no estén perdidos, y que no acepten invitaciones de extraños, explicándoles en términos precisos el peligro de aceptarlas.

Los adolescentes pueden exponerse a ser secuestrados, sobre todo porque gustan de alardear. Enseñe a los jóvenes el peligro de ostentar públicamente riqueza -real o inventada- y de confiar datos sobre la situación económica de la familia a extraños o conocidos recientes.

Recuerde tener a mano fotos recientes del menor. Con los bebés de menos de un año hay que sacar fotos al menos cada 15 días. No es necesario acabarse el rollo, sino tener una toma del bebé para mandarla a revelar en caso de necesidad.

Las identificaciones son muy útiles. Con los varones, menos cuidadosos, las mejores son las placas tipo militar, ya que además de baratas, son más usadas que los gafetes u otras identificaciones, que sí sirven con las niñas. En estas placas hay que incluir el tipo de sangre y la presencia de alergias u otras enfermedades que ameriten modificaciones en un tratamiento médico incidental. Recuerde que los datos en ellas son armas de doble filo, y los niños deben conservarlas en lugar seguro y mostrarlas sólo en caso de necesidad.

Hay otras técnicas eficaces y escenarios a considerar. Vale la pena profundizar en este tema. A nadie gusta considerar, ni de broma, el que un niño pueda perderse o ser robado, pero en la actualidad hay que hacerlo. Finalmente, es por la seguridad de nuestros niños.


Publicado con el mismo título en Reforma, Vida, página 5c, 20 de noviembre de 1999
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