Envenenamientos en Niños
Gerardo Ochoa Vargas
A pesar de sus cuidados y atención, usted encuentra a su hijo con un frasco de medicamentos en una mano y evidencia de que consumió su contenido. Es un escenario temible, y no sólo para usted. Su pediatra quizá se alarme, sobre todo porque es posible que no conozca con precisión los efectos del tóxico en cuestión. Una de las áreas más descuidadas en la enseñanza médica es la toxicología y, si bien los pediatras adquieren suficiente experiencia con la práctica, el que 85 por ciento de los envenenamientos se produzcan en menores de 18 años y que actualmente cualquier hogar tenga más productos químicos que un laboratorio del siglo 19, enreda las posibilidades diagnósticas.
Las intoxicaciones más frecuentes que consultan los padres de familia son:
Jarabes DM. Diversos jarabes para la tos presentan, después del nombre comercial, la etiqueta DM, que alude al dextrometorfán que contienen. Este compuesto, añadido para calmar las molestias de la tos y permitir al pequeño dormir bien, es un opioide. Causa un aspecto letárgico y somnoliento, y más adelante depresión del sistema respiratorio y nervioso. Las pupilas se ven contraídas, como puntos pequeños. Hay que llevar al niño a la sala de urgencias donde le aplicarán un antídoto para opiodes.
Blanqueador. El blanqueador comercial contiene hipoclorito de sodio en concentración de 3 por ciento, insuficiente para producir quemaduras en la boca o esófago. Lo que sí presenta son fuertes propiedades vomitivas. Por tanto, es posible que para cuando llegue con el médico el niño ya haya vomitado y se encuentre simplemente molesto.
Sin embargo, no debe subestimar que el consumo de blanqueador en un niño mayor o adolescente puede ser un acto suicida, que exige atención intensiva. Puede ser más que una llamada de auxilio, porque los niños no son toxicólogos, y la sustancia está asociada con gran letalidad en el conocimiento popular. En este caso, sería un intento suicida sumamente serio.
Aspirina y otros salicilatos. Por su alta disponibilidad, este fármaco es consumido frecuentemente por los niños, y su construcción popular como veneno potencial hace que los padres se asusten cuando sus niños han tomado aspirina sin indicación médica. La dosis tóxica de la aspirina es de alrededor de 150 miligramos por kilogramo. Cada pastilla tiene 500 miligramos. Por tanto, se requieren más de 6 pastillas para intoxicar a un niño de 20 kilogramos. Si su niño tomó menos que eso, lo eliminará naturalmente. Si consumió más, llévelo al hospital.
Además, recuerde que la aspirina no tiene indicación en la mayoría de los padecimientos infantiles, y puede complicar enfermedades virales como la influenza y la varicela con una alteración grave del hígado y cerebro conocida como síndrome de Reye.
El Pepto Bismol es otra fuente de salicilatos. Su compuesto activo es el subsalicilato de bismuto. Cada 5 mililitros del jarabe, la fuente usual de intoxicación, equivale a 130 miligramos de aspirina. De nuevo haga cuentas y si la dosis total es de más de 150 miligramos por kilogramo, vaya al servicio de urgencias.
El salicilato de metilo, que da su sabor característico a un popular enjuague bucal (Astringosol), también se comporta como un salicilato. En su contra está la gran concentración de salicilatos que tiene: cada 5 mililitros de producto equivale a casi 14 aspirinas. A favor está su lenta absorción, que permite retirarlo con un buen lavado gástrico incluso varias horas después de haber sido ingerido. Aunque en este caso, la preocupación principal es el contenido de alcohol del enjuague.
En cualquiera de los tres casos, la intoxicación por salicilato da origen a un cuadro caracterizado por respiración profunda y rápida, nausea, vómito, confusión y sensación de escuchar sonidos inexistentes - los niños más pequeños se tapan o jalan las orejas -.
Alcohol. Muchos niños experimentan con el alcohol a escondidas, pero los que nos preocupan en el ámbito de las intoxicaciones son los que consumen grandes cantidades y tienen ocho años o menos. El alcohol produce, en ese grupo de edad, una baja sostenida de los niveles de glucosa. El niño mostrará signos de borrachera y, si no ha comido, estará en grave riesgo de desarrollar una baja en el azúcar sanguíneo. Si el niño no aparenta estar borracho, entonces no consumió alcohol suficiente y puede dejarlo en paz, previo regaño, por supuesto.
La intoxicación alcohólica en los niños se debe frecuentemente a los enjuagues bucales, que tienen concentraciones de entre 40 y 50 por ciento de alcohol, como los licores más fuertes. Así que no sólo debe resguardar y vigilar la gaveta de vinos, sino el botiquín.
Acetaminofén. Su consumo en exceso de acetaminofén produce daños graves en el hígado. La dosis tóxica es de más de 140 miligramos por kilogramo de peso. Haga el cálculo igual que con los salicilatos.
Medicamentos para el corazón. Cuidado, que casi todos estos son venenos muy peligrosos. Fármacos como la digital y la clonidina pueden producir envenenamientos que ponen en riesgo la vida, así el niño haya simplemente chupado las pastillas. Tenga especial cuidado con este tipo de sustancias y, si infortunadamente el niño ya consumió las pastillas, llévelo de inmediato a urgencias.
Gotas para los ojos. Algunas son inocuas, pero las peligrosas son las que eliminan el enrojecimiento ocular, pues contienen sustancias similares a la clonidina arriba mencionada. El peligro radica en la forma del bote, semejante a una mamila pequeña, y sea por confusión o porque a los niños les gusta chupar hasta bastante entrada la niñez, pueden llevársela a la boca. Esta también debe ser considerada una emergencia pediátrica.
Mercurio. Los niños más pequeños tienen contacto con el mercurio al romper un termómetro, y los mayores al jugar con artesanías y dijes que contienen este atractivo metal líquido. El mercurio metálico no es venenoso, así que incluso tragar cantidades importantes no produce daño.
Cigarros. Contra su mala fama, son menos peligrosos de lo que se piensa. Un niño puede masticar un cigarro entero, o hasta tres colillas sin presentar signos de intoxicación por nicotina.
Huesos de frutas. No permita que sus niños mastiquen los huesos de cerezas, manzana, chabacano y durazno, entre otros, pues si rompen la cubierta y llegan al centro suave, podrían intoxicarse con cantidades pequeñas pero significativas de cianuro.
Leche de magnesia. Usada como remedio para el estreñimiento, su administración en exceso puede producir intoxicación en niños pequeños, que pueden incluso llegar al coma. Nunca dé más de lo indicado por el pediatra.
Tierra. Algunos niños tienen afición por comer tierra de las macetas. En estos casos, en general, la tierra está limpia, y no hay problemas posteriores. Sin embargo, si es tierra del jardín u otra área pública, el pediatra debe ser alertado, no tanto por una posible intoxicación como de una enfermedad infecciosa que pueda aparecer, debido a que esa tierra puede estar contaminada con excretas y otros desperdicios.
Recuerde ante todo que un envenenamiento es una urgencia, pero que la atención oportuna convierte a lo que podría ser una catástrofe, en una anécdota más de los retos que enfrentan los niños en el mundo moderno.
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Algunos consejos de seguridad
- Guarde los medicamentos en lugares fuera del alcance de los niños.
- Tenga una idea precisa de cuántos y cuáles medicamentos tiene.
- Como los niños mayores los alcanzarán de cualquier manera, explíquele el peligro de consumirlos.
- No confíe de más en las tapas a prueba de niños, pues frecuentemente los niños son los más capaces de abrirlas.
- No diga a sus niños que sus vitaminas u otros medicamentos son "dulces", pues ellos más tarde pueden encontrar otros "dulces" similares.
- Jamás guarde productos en botes de refresco.
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¿Qué hacer si el niño ya consumió la sustancia?
- Actúe con calma.
- Informe al médico por teléfono.
- Déle un vaso de leche o en su defecto de agua.
- Induzca el vómito, excepto si:
- el niño está inconsciente o semiinconsciente.
- el veneno era corrosivo (ácido, sosa cáustica, limpiador de hornos, etc.).
- el veneno contenía petróleo, gasolina o solventes, salvo que se trate de insecticidas. En este caso sí conviene inducir el vómito.
- Acuda con el médico o servicio de urgencias.
El vómito se induce con jarabe de ipecacuana o con algún objeto (el dedo, una cuchara con punta roma) introducido con cuidado en la parte posterior de la boca, y nunca con agua salada u otros productos.
También es conveniente administrar, después del vómito, carbón activado. Pregunte a su pediatra sobre como usar la ipecacuana y el carbón activado.
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Publicado como: Gerardo Ochoa. Venenos en su Hogar. Reforma, Suplemento Salud, página 4I, 25 de mayo de 2002
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